Ya están aquí las navidades. Con
ellas llegan los villancicos, las cenas de empresa, las luces en las calles,
las reuniones familiares y un montón de tradiciones que adornan y enlucen estos
días tan señalados.
Pero todavía quedan algunos días
de preparación. En ellos podemos
prepararnos para acoger al Salvador que llega. Es una llamada a preparar nuestros caminos al Señor que se
acerca (Lc 3, 1-6), a recibir la Palabra que ya viene (Jn 1, 1ss).
En este contexto de adviento me
rondan con insistencia unas sencillas preguntas :
¿Cómo y cuándo acojo? ¿A qué
salvador?
¿Cómo?
Total o parcialmente; Generosa o
tacañamente; Con lo mío o con lo que me sobra, ETC.
¿Cuándo...?
... me va bien o siempre; ... me conviene o siempre; ... favorece mis
intereses o simpre. ETC
¿Qué Salvador...?
...A Dios a quien no veo o a los
inmigrantes a quienes sí veo (A esos que
veo, no de los que he oído que...)
... A Dios a quien no veo o a
quienes sí veo que por no tener derechos son víctima de abusos laborales,
sociales etc;
... A Dios a quien no veo o a
quienes sí veo que son discriminados por raza (aun teniendo derechos y
nacionalidad) o por pobreza (aun teniendo derechos y nacionalidad) o por género
(aun teniendo derechos y nacionalidad).
... A Dios a quien no veo o a
quienes sí veo que son traídas con engaños y amenazas para ser mujeres
prostituidas.
Seguiremos trabajando para que
nuestra actitud, sea ACOGER
y punto.
http://www.guada-acoge.org/






Una falacia muy común es la conocida como "Argumento ad verencundiam", consiste en nombrar a un experto o famoso como garantía de veracidad. La trampa está en que lo que se trata de colar no es objeto de su especialidad. Hace unos días leí que Celia Villalobos había dicho "Lamento que mueran en el mar, pero en mi país no quiero verlos". También la imagen de Bertín Osborne ha sido utilizada de manera parecida con un argumento falaz. Aunque fuera cierto que lo hubieran dicho, que se ha demostrado que no, su opinión no deja de ser como la de cualquier otra persona y precisa un razonamiento. Subrayo que las dos noticias son falsas, ni Celia pronunció nunca esas palabras, ni Bertín mandó a los refugiados a la casa de nadie.